Más estímulos monetarios y PIB mexicano.

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Mejorar las expectativas no es fácil cuando la credibilidad es baja.Pedro Alonso
  • Pocas opciones para estimular a la economía y pelear por el mercado.
  • En Europa cada vez es más urgente tomar una decisión agresiva.

Sin duda, los temas relativos a la política monetaria relajada han sido los grandes animadores de los mercados en los años recientes y el viernes pasado así lo confirmaron, pues en todos lados hubo alzas convocadas por dos eventos en esa línea. Uno fue la decisión del Banco del Pueblo de China (BPC) de bajar su tasa de interés y otro, las declaraciones de Mario Draghi, el presidente del Banco Central Europeo (BCE) con un sentido de urgencia para que en Europa se incrementen las medidas monetarias de estímulo a esa economía regional.

El BPC redujo la tasa de préstamo (la tasa activa) en 40 puntos base (pb) y la de depósito en 25 pb en un intento claro de animar a su economía que crece a un ritmo de los más bajos en los pasados cinco años mostrando una caída importante en la inversión en activos fijos (la mayor en los pasados trece años), en el sector de la construcción principalmente, que ha sido un importante impulsor del crecimiento, junto con la expansión del crédito cuyo ritmo cayó por debajo de los niveles del año pasado, que ya no eran precisamente elevados.

Probablemente los dirigentes en China llegaron a la conclusión que era mayor el riesgo al tratar de conseguir estabilizar a su economía –para tratar de evitar un “sobrecalentamiento”– que el de dejar cierto margen de crecimiento que propiciara por ejemplo un brote inflacionario. Quizá esta elección es motivada por la debilidad de la economía en varias regiones del planeta que son parte importante de su demanda externa y que a la vez hace poca presión sobre los precios de las materias primas, que inducen a la inflación a mantener un perfil moderado, más bien bajista.

Otro elemento que quizá pudo influir es la decisión de Japón de hace un par de semanas  y la que probablemente tome Corea del Sur en el mismo sentido, es decir relajar su política monetaria con lo que entre otras cosas, se posibilita –y de hecho se consigue– la depreciación del tipo de cambio, lo que agrava las condiciones de competencia en el mercado de los exportadores, y sobre todo, pensando que en Europa pueden transitar por la misma ruta. Ni hablar, hay que estimular a la economía doméstica; hay muchas razones, desde la debilidad del mercado externo que fuerza al aumento de la competencia, hasta la presión de la sociedad local.

Como escribí en el primer párrafo, las declaraciones de Mario Draghi tuvieron un tono de urgencia que me parece no sólo deriva de la situación económica y de los temores –razonablemente fundados– de un posible agravamiento, sino por las señales de pérdida de credibilidad en el BCE y en las medidas que ha tomado y en las que pueda tomar. Cada vez se percibe más el escepticismo de los mercados y de los tomadores de decisiones de negocios sobre la eficacia de las medidas de estímulo que se puedan instrumentar en ese banco central. Tomar una posición más agresiva, aunque sea a nivel del discurso es necesario, pero claramente las intervenciones “verbales” cada vez funcionan menos.

Por eso la urgencia. Además, por algún lado se tiene que empezar. Sabemos que las acciones de un banco central tienen un límite, pero la impresión es que en Europa las opciones que puedan derivar de acciones gubernamentales (uso de recursos fiscales y reformas estructurales), son menos probables de ser instrumentadas o en todo caso, tales eventos pueden tomar largo tiempo, así que lo que el BCE pueda hacer parece ser lo más factible, pero cuanto más tarden, menos probabilidad de alcanzar buenos resultados tendrán.

Aquí en México conocimos de las cifras del PIB al tercer trimestre que como era esperado, no fueron milagrosas. El crecimiento trimestral fue de 2.2% comparado con el mismo periodo del año pasado y que sumado a los dos trimestres previos dice que la economía en este año crece 1.9%. Y si la economía nacional creciese 3.5% en el último trimestre (la estimación en el mercado es 3.4%) el dato anual será de 2.3%, que es donde parece que se alinean los pronósticos.

En un intento de mejorar las expectativas, el gobierno enfatiza los avances que muestran los números de sectores como la construcción (4% de crecimiento en el tercer trimestre), la manufactura (3.2%) y el comercio (3.9%) y focaliza en el tema del petróleo (caída en el volumen de producción de Pemex) que se refleja en el sector de la minería (-2.1%). Es un buen intento, es su trabajo, pero aunque los números son buenos –a secas– no son suficientes y además, esa materia prima que se llama credibilidad y que es indispensable para influir en las expectativas, no es precisamente lo que más abunda en estos días en el terreno gubernamental.

Suerte.

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