En modo de “wait and see”

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La volatilidad disminuyó ayer en la operación de los mercados, lo que suena razonable considerando que mañana miércoles sabremos lo que la Fed decidirá respecto de la tasa de interés, si bien los futuros siguen apuntando a que no habrá cambio en el rango actual, de 0.25%–0.50%, que fue fijado desde el 16 de diciembre pasado. Como sea, supongo que los mercados entraron en modo de “wait and see”, del que saldrán rápidamente el miércoles para, después de una rápida evaluación de lo que suceda, empezar a tomar una postura respecto de lo ocurrido, pero más sobre lo que está por ocurrir.

Y no será poco. Lo que sigue son los reportes corporativos del tercer trimestre, aderezados con los debates entre los aspirantes a la presidencia de los Estados Unidos (el lunes próximo, 26 de septiembre, es el primero de ellos), que digamos serán las “notas de color” de la parte final del año, junto con la propia elección y su resultado. Desde luego, el petróleo será un tema importante, incluyendo lo que pueda ocurrir en la anunciada reunión “informal” de la OPEP, la próxima semana (de lunes a miércoles), en Argelia.

Ayer por la mañana, Nicolás Maduro, el presidente de Venezuela declaró que los miembros de la OPEP y los productores fuera de ese organismo, estaban “cerca” de alcanzar un acuerdo para reducir la producción de crudo, por lo que el petróleo arrancó la jornada subiendo, pero rápidamente se cortó el ascenso –el Brent terminó con una ligera baja de -0.20%–, creo que juzgando adecuadamente la declaración del venezolano que, evidentemente quiso llamar la atención y tratar de llevar agua a su molino. A muchos nos caería bien un alza en el precio del petróleo, pero a Maduro, más. En realidad, al momento no hay señal alguna de que un acuerdo de contener a la producción esté en marcha.

Y desde luego, una vez más, ya entrado diciembre, volveremos a voltear los ojos hacia la Fed y lo que pueda pasar en la reunión de aquel mes, ya que a menos que suceda algo inesperado, creo que difícilmente la Fed tomará una decisión sobre la tasa en el mes de octubre.

Ayer el peso mexicano continuó depreciándose frente al dólar. Cerró en 19.68 y en la operación intradía llegó a los 19.73. Más allá de los desgarros de vestidura acostumbrados en los medios de comunicación, ciertamente la divisa nacional parece no tener en el corto plazo algún asidero firme para encontrar una condición de estabilidad, antes de pensar en la posibilidad de una apreciación. Desde luego es posible que, si la tasa no sube el miércoles, el peso gane alguna fortaleza, que pienso no puede considerarse definitiva o como un punto de inflexión.

Lo anterior es porque la tasa de interés no creo que vaya a bajar en el futuro próximo, o que el petróleo tenga un alza importante que haga pensar en que los flujos de divisas hacia nuestro país, por ese concepto, mejoren notoriamente. Además, no hay que restar importancia a lo que pueda ocurrir en la contienda política estadounidense, ya que a nadie escapa que en la medida que el candidato Trump mejora su posición, la especulación contra el peso mexicano aumenta. Por lo menos, en los últimos meses la gráfica del comportamiento de los números en las encuestas de opinión sobre Trump, se parece mucho a lo que ocurre con el peso mexicano; cuanto mejora Trump, el peso se deprecia. Mala cosa.

En el sentido de lo anterior, Trump sigue cerrando la ventaja que tiene sobre él, la candidata Clinton. El jueves pasado, cuando revisé este tema, la ventaja de Clinton se había reducido a 2.3 puntos, desde los seis puntos que tenía a finales de agosto. Al día de ayer ya se había recortado a 0.9 puntos, cosa que supongo seguirá ocurriendo, después de los eventos violentos ocurridos en Nueva York y Minnesota durante el fin de semana.

Quizá usted recuerde que hace no mucho señalé que una de las cosas que podían favorecer a Trump, eran los actos de violencia, terrorismo o no, en los Estados Unidos, cosa de la que seguramente sacará alguna ventaja, pues son temas fácilmente explotables en el contexto populista, peligroso por mentiroso, que es el tono de la campaña del candidato republicano. Tendremos algo así como dos meses y medio muy entretenidos por delante.

Suerte.

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