Medidas extremas y pasta dental.

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Después de la baja del martes pasado, generada por el reporte de Standard & Poor’s, el IPC mexicano encontró cierta estabilidad al toparse con un soporte en la zona de los 47,750 puntos. Al igual que el S&P 500, el tono de la operación del indicador de la Bolsa en México ha sido bastante plano. La pregunta es: ¿Qué va a ocurrir cuando las cosas regresen a lo “normal”? Cualquier cosa que esto signifique. Creo que no mucho. En todo caso quizá haya una baja adicional, en espera de lo que ocurra en dos reuniones importantes: la de la Fed y la de la OPEP. Antes de éstas y quizá a partir de hoy, tendremos que digerir lo que la Sra. Yellen haya dicho en la reunión de Jackson Hole, que sin restarle importancia creo no será definitorio para lo que ocurra en el corto plazo.

Como sea, pero creo que la “digestión” de lo que Yellen haya dicho hoy, será un periodo muy corto, al menos para el mercado, si bien puede ser un tema que dé para un periodo largo de discusión, a nivel de los interesados en la política monetaria y en la teoría económica en general que, me queda claro, está en una etapa de reconformación a partir de la Gran Recesión y de todas las cosas que han tenido que hacerse para tratar de evitar un periodo recesivo que por la condición de globalidad del mundo, hoy podría ser largo y catastrófico.

Por eso es importante la reunión de los banqueros centrales, con fines de divulgación. No hay que perder de vista, son los bancos centrales las entidades que han tomado la batuta –y la responsabilidad– en la instrumentación de las medidas de política económica que, si bien no han dado los resultados que eventualmente se hubieran deseado, hay que admitir que las condiciones que enfrentan son, como he escrito, inéditas. Cabría preguntarnos qué sucedería si las políticas “heterodoxas” que hemos visto, no se hubieran tomado.

Sé que las opciones “extremas” pueden parecer riesgosas, pero como dice el dicho popular: “A grandes males, grandes remedios”. Y no hay duda que ante escenarios como el que se tiene enfrente es cuando hay que explorar nuevos caminos y no esperar a estar en medio de la crisis para pensar qué hacer. Por más extremas que parezcan algunas opciones, a la postre la experiencia nos dice que funcionan. El ejemplo obvio es la expansión cuantitativa que emprendió la Fed en el 2009 y que impidió que Estados Unidos –y otros– incurrieran en terrenos recesivos por largo tiempo. Habrá que estar pendientes de lo que resulte en Jackson Hole, más allá si a los mercados les cae en gracia, o no.

Ayer se publicó la Balanza de Pagos (BP) de México, al 2° trimestre de este año. Este reporte resume la relación de la economía mexicana con el exterior y en esta ocasión, la Cuenta Corriente (CC) –que es parte de la BP– mostró un déficit que representa el 3% del PIB. La CC en México ha sido históricamente deficitaria y desde hace muchos años, razonablemente bien financiada, a partir de flujos de capital tanto de inversión, como de endeudamiento y, como cualquier déficit, existe siempre que haya alguien dispuesto a financiarlo.

En el caso del déficit (D) de la CC, los que la financian son los del exterior, ya que como dije, lo que la balanza de pagos refleja, es nuestra relación con el exterior, la comercial y la financiera. Ha habido momentos en que los financiadores no están dispuestos a fondear el déficit y cuando esto ha ocurrido, se usan las reservas y, cuando éstas se acaban pues no hay de otra más que declararse en suspensión de pagos, devaluar la divisa y entrar en una mecánica que ya conocemos: disminuir por el tiempo necesario el ritmo de la economía y volver a conseguir credibilidad de que sí vamos a pagar lo que nos presten para financiar el DCC.

Fue el caso –el más reciente– de la crisis de 1994. En ese entonces el DCC llegó a casi 6% del PIB, las condiciones mexicanas de entonces hicieron dudar –justificadamente– de nuestra capacidad de pago y… usted conoce el resto de la historia, más allá de los detalles. Ahora el DCC llegó a 3% del PIB, después de haber estado por debajo de ese nivel desde 1998. Lo que hay que observar es que a finales del sexenio anterior era de 1.4% del PIB y en tres años, se duplicó. Suelo decir que incurrir en déficit, puede ser como usar pasta de dientes: se puede sacar con facilidad del tubo. Meterla, es muy, pero muy complicado.

Suerte.

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